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domingo, 22 de mayo de 2016

¡Impactante! Cámara capta la aparición de un fantasma demoniaco en hospital de Rusia

Cuando se comenta sobre la aparición de fantasmas, la mayoría de nosotros no creemos… pero cuando una cámara graba el momento justo de la aparición le damos lugar a la duda ¿Será cierto?
Esta cámara capto el momento justo en que el fantasma de un Samurai aparece en una de las habitaciones de un hospital de Rusia.

Los técnicos de seguridad no han dudado ni un minuto en compartir este video en Internet para que todos puedan verlo y en pocas horas se hizo totalmente viral… Nadie puede saber si es cierto o no, pero el video aquí esta y se lo puede ver muy claramente.


viernes, 13 de mayo de 2016

El Chico que Amaba una Tumba.

Muy lejos, en el corazón de un país solitario, había una vieja y solitaria iglesia. En su patio ya no se enterraba a los muertos, pues había dejado de funcionar hacía mucho tiempo; su pasto crecido alimentaba ahora a algunas cabras salvajes que trepaban el muro ruinoso y vagaban por el triste desierto de tumbas. El camposanto estaba bordeado de sauces y cipreses sombríos; y su oxidado portón de hierro, rara si alguna vez abierto, crujía cuando el viento agitaba sus bisagras, como si alguna alma perdida, condenada a vagar por siempre en ese lugar desolado, sacudiera los barrotes y se lamentara de su terrible prisión.

En este cementerio había una tumba distinta a las demás. La lápida no llevaba nombre, pero en su lugar aparecía la rara escultura de un sol saliendo del mar. El sepulcro era muy pequeño y estaba cubierto de una espesa capa de retama y ortigas; uno podría suponer por su tamaño que correspondía a un niño de pocos años.

No lejos del lugar vivía con sus padres un chico en una casita triste; era un chico soñador, de ojos negros, que nunca jugaba con los otros niños del barrio, él amaba correr por los campos, recostarse a la orilla del río, mirando caer las hojas y enrularse las aguas, y los lirios que mecían sus blancas cabezas al compás de la corriente. No era de asombrarse que su vida fuera triste y solitaria, ya que sus padres eran personas crueles y salvajes que bebían y discutían todo el día y toda la noche; los ruidos de sus peleas llegaban en las cálidas noches de verano hasta los vecinos que vivían en la aldea bajo la colina.

El muchachito se aterrorizaba con estas horribles disputas y su alma joven se encogía cada vez que escuchaba las maldiciones y los golpes resonando en la mísera casa, así que solía escaparse a los campos donde todo lucía tan calmo, tan puro, y hablar con los lirios en voz baja como si fueran sus amigos. De este modo dio un día con el viejo cementerio y empezó a caminar entre las lápidas cubiertas de maleza, deletreando los nombres de las personas que había partido de la tierra años y años atrás.

Por algún motivo, la pequeña tumba anónima y olvidada atrajo su atención más que las otras. El extraño agregado del sol naciendo del mar era para él una fuente perpetua de misterio y asombro, y así, fuera de día o de noche, cuando la furia de sus padres lo espantaba de su casa, solía dirigirse allí, echarse entre la maleza espesa y pensar en quién podría estar enterrado debajo. Con el tiempo su amor por la pequeña tumba creció tanto, que la adornó según su gusto infantil. Arrancó las retamas y ortigas y la maleza que crecía sombríamente sobre la piedra, y recortó el pasto hasta que empezó a crecer espeso y suave como la alfombra del cielo. Después trajo pimpollos de las lomas verdes, de los caminos de rocío donde los espinos llueven sus flores blancas, rojas amapolas de los maizales, campanillas azules del corazón del bosque y las plantó alrededor de la tumba. Con las ramas flexibles del mimbre plateado trenzó un simple cerco alrededor y raspó el moho que se arrastraba sobre la lápida, hasta que la pequeña tumba se vio como si fuera la de una bella hada. Entonces estuvo contento. Durante los largos días de verano, gustaba de echarse allí, aferrando con sus brazos el hinchado montículo, mientras un viento suave de voluntad cambiante jugaba sobre él y tímidamente levantaba sus cabellos. Del otro lado de la colina le llegaban los gritos de los chicos de la aldea jugando; a veces alguno de ellos venía y le proponía sumarse al juego; pero él lo miraba con sus calmos ojos negros y le respondía gentilmente que no; el muchacho impresionado se iba en silencio y susurraba con sus compañeros sobre el chico que amaba una tumba. Era cierto, él amaba aquel cementerio más que cualquier juego. La quietud del lugar, el aroma de las flores salvajes, los rayos dorados cayendo por entre los árboles y jugueteando en la hierba eran delicias para él. Permanecía horas recostado boca arriba contemplando el cielo de verano, mirando navegar las nubes blancas y preguntándose si serían las almas de buenas personas yendo a casa en el cielo. Pero cuando las nubes negras de la tormenta se acercaban llenas de lágrimas apasionadas y reventaban con ruido y fuego, pensaba en sus malos padres en casa y giraba sobre la tumba, presionando su mejilla contra ésta como si fuera su hermano mayor. Así el verano se convirtió en otoño. Los árboles estaban tristes y temblaban al acercarse el tiempo en que el viento feroz les arrebataría sus capas y las lluvias y las tormentas golpearían sus miembros desnudos. Los pimpollos se pusieron pálidos y se marchitaron, pero en sus últimos momentos parecieron mirar sonrientes al chico como diciendo: “No llores por nosotros, volveremos el año que viene”. Pero la tristeza de la temporada lo invadió mientras se acercaba el invierno y a menudo mojaba la pequeña tumba con sus lágrimas y besaba la piedra gris como uno besaría a un amigo que está a punto de partir.

Una tarde, casi al fin del otoño, cuando los árboles se veían marrones y severos y el viento sobre la colina parecía aullar malignamente, el chico, sentado junto a la tumba, escuchó chirriar la vieja puerta girando sobre sus oxidados goznes, y mirando por sobre la lápida vio acercarse una extraña procesión. Allí había cinco hombres: dos llevaban entre ellos lo que parecía ser una caja larga cubierta con un paño negro, otros dos llevaban picas en sus manos y el quinto, un hombre alto de rostro consternado envuelto en una capa larga caminaba a la cabeza. Cuando el muchachito vio andar a estos hombres de un lado a otro por cementerio, tropezando con lápidas medio enterradas o parándose a examinar las escrituras semiborradas, su corazoncito casi dejó de latir y se encogió detrás de la piedra gris con la rara escultura, lleno de terror.

Los hombres caminaban de un lado a otro, con el hombre alto a la cabeza, buscando concienzudamente entre el pasto y de vez en cuando parando a consultar entre ellos. Finalmente el líder giró y caminó hacia la pequeña tumba y, agachándose, se puso a mirar la lápida. La luna acababa de levantarse y su luz bañaba la peculiar escultura del sol saliendo del mar. Entonces el hombre alto le hizo señas a sus compañeros. “La encontré” dijo “aquí está”. Los demás se acercaron al escucharlo y los cinco hombres quedaron parados mirando la tumba. El pequeño detrás de la piedra no podía respirar. Los dos hombres que llevaban la caja la apoyaron en el pasto y quitaron el paño negro, con lo que el chico vio un pequeño ataúd de ébano brillante con adornos plateados y en la cubierta, labrada también en plata, la escultura de un sol saliendo del mar, y la luna brilló sobre todo esto.


“Ahora, ¡a trabajar!” dijo el alto y al momento los dos que llevaban picas las clavaron en la pequeña tumba. El chico pensó que se le rompería el corazón y ya no se pudo contener, se arrojó sobre el montículo y exclamó sollozando: “¡Oh, señor! ¡No toquen mi pequeña tumba! ¡Es lo único que tengo en el mundo para amar! No la toquen, pues todo el día me recuesto aquí y la abrazo y es como si fuera mi hermano. La cuido y mantengo el pasto cortito y grueso, y les prometo que si me la dejan el año que viene plantaré aquí las más bellas flores de la colina.”

“¡Calla, muchacho, eres un tonto!' respondió el hombre serio. 'Es una tarea sagrada la que debo realizar, el que yace aquí era un chico como tú, pero de sangre real, y sus ancestros descansan en palacios. No corresponde que huesos como los suyos reposen en un terreno común y corriente. Del otro lado del mar los espera un lujoso mausoleo, y he venido a llevarlos conmigo para depositarlos en bóvedas de pórfido y mármol. Quítenlo, hombres, y sigan con su trabajo.” Los hombres forcejearon y arrastraron al chico, lo dejaron cerca sobre el pasto, sollozando como si se le rompiera el corazón, y cavaron en el montículo. A través de sus lágrimas vio cómo juntaban los blancos huesos y los ponían en el ataúd de ébano; escuchó la tapa cerrarse y vio las palas volviendo a poner la tierra negra en la tumba vacía; se sintió robado. Los hombres levantaron el ataúd y se fueron por donde habían venido. El portón chirrió una vez más sobre sus goznes y el chico quedó solo.

Regresó a su casa en silencio, vacío de lágrimas y pálido como un fantasma. Cuando se acostó en su cama llamó a su padre y le dijo que iba a morir. Le pidió que lo enterraran en la pequeña tumba que tenía una lápida gris con un sol naciendo del mar esculpido. El padre rió y le dijo que se durmiera; pero cuando llegó la mañana el chico estaba muerto.

Lo enterraron donde él había deseado y cuando el césped estuvo alisado y el cortejo fúnebre se retiró, esa noche apareció una nueva estrella en el cielo para cuidar la pequeña tumba.

Relatos De Trabajadores De Panteón

—Velador: “Una vez murió un señor y en el entierro, los familiares le llevaron a su mascota, de pronto, al día siguiente del entierro el perro apareció ahí, junto a la tumba, pues al parecer el difunto vivía a pocas cuadras del panteón, y por horas se quedaba ahí, hasta que llegaban los familiares a buscarlo y llevárselo”.

"Varias veces así lo hizo. Me tocó ver al perrito cuando de pronto, junto a la tumba, empezaba a mover su cola y tirarse boca abajo como si alguien lo estuviera acariciando, sólo de verlo se erizaba la piel, ya que a lo mejor desde el más allá su dueño le estaba haciendo cariños. Por eso siempre creo que muchos animales son capaces de ver a las almas".

—Velador: “He visto a un niño y a un futbolista que andan por ahí; el niño anda pasando jugando y pues yo lo veo como si fuera una persona, pero ya no me da miedo. Algunas de éstas apariciones son más que sorprendentes y el futbolista sí, ese al principio lo veía que andaba corriendo y corriendo, y éste ¿qué trae o qué? Iba yo y lo seguía, pero se me desaparecía... No lo alcanzaba, se me desaparecía de aquel lado".

—Velador: “El otro día a mí y a un compañero como a las 9:30 pm nos asustó como una especie de bruja, pero no nos arrimamos, nomás la vimos que se paró, nada más y nos venimos para acá. También una vez una señora vestida de blanco, también la vi, y pos también se me desaparecía, la seguía y la seguía, y nunca la alcanzaba”.




—Velador: “En las noches con luna llena se para un hombre. Se ve transparente y no se le ven los pies, pero hasta ahora sólo lo he visto en cinco ocasiones y eso porque brilla con la luz de la luna. Yo me asomé el primer día que lo vi, hace ya como 20 años, y pues uno era más joven y cuando le grite qué hacía ahí, pues como que se echó a correr pero no lo volví a ver. Busqué sus huellas con mi lámpara pero no las encontré”.

“Hay otro sepulcro donde su ocupante sale durante las noches, pero ese no se queda quieto, ese corre por todo el panteón y visita varias tumbas, yo creo que fueron sus amigos, porque va de tumba en tumba como parándose a platicar. Tal vez las recorre para saber quién más ha sido enterrado, pero de ese muertito no sé dónde esté enterrado porque sólo lo he visto correr por todos los pasillos”.

—Velador: “En los días que la luna no alumbra las tumbas, se puede ver el reflejo de una mujer que camina por el panteón. Se la pasa caminando, pero no hace ruido, hasta parece que trae un vestido blanco, pero nadie le ha visto los pies. Yo la vi un día que me tocó hacer la guardia como velador del panteón, es alta, y tiene el cabello negro, pero no dice nada, sólo se la pasa caminando, pero cuando se encuentra con otra muertita que también sale ahí, desaparecen”.

—Guillermo Llinas Salinas, trabajador del anterior Panteón General de Veracruz (ahora Reino Mágico) y actual velador del Panteón Municipal (Volcanes):

“Si un muerto te persigue hay que ir a su tumba y hablarle con groserías; mentarle la madre hasta que te deje de molestar. Al principio me daba temor escuchar los ruidos que se oyen por las noches, pero al cabo del tiempo me acostumbré”.

“En el panteón se ven y se escuchan cosas extrañas, sobre todo por las noches. Se oyen ruidos, en el baño le jalan la cadena, se oye que andan barriendo, vas caminando y se oye que van atrás de ti y no es nadie. A las 9:00 de la noche no pero en el día puedes andar por allá cuando está solito y se oye, allá en la oficina si hasta las puertas la cierran y muchas personas no creen. Le platicas a una persona que está más grande y te dicen que es el diablo, pero yo sí creo”.

“Yo no creía en fantasmas hasta que en una ocasión limpié el cuerpo de una mujer en el antiguo panteón y ese espíritu me siguió por varios meses. Eso me pasó por ahí del año 77. Desenterraron a una mujer para violarla en el año 77, en donde está ahora el Reino Mágico; ella se murió un sábado, la enterramos el domingo y el lunes la encontramos afuera con las piernas arriba. Cuando yo llegué estaban judiciales y todo y la familia era de escasos recursos, y dijeron que hay que sacarla, la saqué, estaba llena de tierra y fui a buscar agua y la bañé”.

“Desde entones el fantasma de la muerta me siguió, incluso cuando me pude deshacer de ella antes de partir, gritó tres veces mi nombre. Cuando se te pega un espíritu sientes que te duele el cerebro y volteas y sientes clarito que viene otra persona. El problema es que hay que ir a decirle sus cosas a la sepultura, pura grosería, y yo fui, pero allá en aquel panteón estaba bien feo, puras lomas. Cuando yo fui a decirle sus cosas y a caminar en cruz arriba de la sepultura, cuando llegué a la cabeza para decirle vete a la buena, me habló, me citó tres veces”.

“También en ese panteón, antes de ser el parque Reino Mágico, aquel panteón eran lomas y bajadas y subidas, no nos veíamos porque eran lomas y una vez fui al pozo como a las 9 de la noche, iba yo a lavarme la cara cuando vi unas mantas blancas que venían, como sábanas que venían sobre el aire y venían sobre mí, no me dio miedo pero me quedé sorprendido y las sábanas se metieron en una tumba que estaba enfrente de mí”.

Leyendas De La Rumorosa: La Carretera Más Peligrosa De México

La Rumorosa es una localidad situada en el extremo norte de la Baja California. También se denominan así un grupo de cerros que flanquean el poblado y una carretera que une las localidades de Tecate y Mexicali, siendo este camino muy transitado, y según conductores experimentados, bastante peligroso para conducir, especialmente de noche.

Naturalmente, han ocurrido grandes cantidades de accidentes, misterios y desapariciones varias a lo largo de la historia y la región no podía quedar sin su rico legado de leyendas y fantasmas.

La Enfermera Fantasma:

Es la leyenda más famosa de la Rumorosa. Se cuenta que hace muchos años una enfermera que vivía en una localidad cercana fue despertada a altas horas de la noche por un grupo de vecinos que reclamaba su presencia, pues en la carretera había sucedido un terrible accidente y su ayuda era de vital importancia hasta que llegaran los médicos.

La enfermera acudió rápidamente al lugar que le habían indicado, pero nada más se supo de ella. Su cuerpo no fue encontrado y tampoco había signos de ningún accidente, por lo que las historias más fantásticas comenzaron a tejerse: que había sido víctima de una secta satánica dedicada a los sacrificios humanos, que había desaparecido tras cometer un crimen e inventar la historia del accidente, que había aprovechado la confusión para huir con botín perteneciente a la comunidad.

Poco después de su desaparición comenzaron los avistamientos del fantasma, en forma de una mujer de apariencia nostálgica que se sienta o camina al costado de la carretera, o de improviso se presenta a los aterrorizados conductores en el asiento del acompañante.

El Joven de la Bicicleta:

Una persona conduce tranquilamente por la carretera de la Rumorosa, usualmente en la noche, cuando de pronto se cruza frente a su vehículo un joven que circula imprudentemente en bicicleta. El joven es atropellado y la persona frena, angustiada, pensando que ha dado horrible muerte accidental a un ser humano.

Pero cuando baja del automóvil para prestar socorro, no encuentra nada, ni al joven, ni la bicicleta, ni accidente. Creyendo que se trata de su imaginación, o de un engaño visual, prosigue la marcha, y le ocurre lo mismo a los pocos kilómetros. Otra vez, nada ha sucedido. La ilusión puede repetirse varias veces más.

Se conjetura que el joven de la bicicleta fue atropellado verdaderamente hace tiempo y que su fantasma pretende llamar la atención sobre el hecho repitiendo el trágico suceso.

El Trailero Fantasma:

Hace mucho tiempo, sobre la carretera de la Rumorosa, un trailero manejaba a toda velocidad rumbo a Mexicali, pues su esposa estaba a punto de dar a luz y quería llegar rápido a su casa, llevaba dinero para lo que se ofreciera, mas cuando iba a tomar una peligrosa curva, perdió el control y se estrelló contra unas rocas.

El chofer se bajó del trailer todo aturdido, se miró el cuerpo y se alegró al darse cuenta que no le había pasado nada. Entonces esperó a que pasara alguien para que le ayudara o lo llevara a la ciudad, pero durante mucho tiempo nadie cruzó aquellos cerros.

El hombre se quedó dormido y cuando despertó se sorprendió al ver todo oscuro; no entendía qué pasaba, así que decidió caminar, caminó y caminó, avanzó una buena distancia, sabía que la salida de la rumorosa estaba cerca y sin embargo, cuando se dio cuenta se encontró nuevamente en el mismo lugar del accidente después de caminar horas y horas.

A los tres días hallaron el camión pero no al conductor; de él no se supo nada. Hasta que en una ocasión, años más tarde, un muchacho que manejaba un trailer se detuvo en la carretera porque un hombre le hizo señas.

—Amigo, me llamo Francisco Vázquez y necesito con urgencia que mi mujer reciba un dinero porque va a tener un niño. yo no puedo ir, mi trailer se descompuso y no lo puedo dejar aquí.

—Sí, señor, con gusto se lo llevaré, —contestó el muchacho— sólo dígame ¿dónde vive su señora?

El hombre le entregó un papel en el que anotó la dirección y el nombre de su esposa. Al despedirse, el joven sintió que un escalofrío le recorría la espalda, pues al darle la mano, el señor estaban tan frío como un muerto. El muchacho no le dio importancia, subió a su trailer y se encaminó a Mexicali.




Al día siguiente, fue a buscar a la señora pero no la encontró; alguien le dijo que ya no vivía ahí, que hacía tiempo se había cambiado. sin darse por vencido, preguntó en varios lugares hasta que, por las señas del papel, una anciana le indicó dónde vivía. al llegar dio unos golpes en la puerta y esperó a que le abrieran.

—¿Dígame, joven?— Le preguntó la señora.

—Perdone, ¿aquí vive la esposa del señor Francisco Vázquez?

—Soy yo, —contestó ella— ¿qué se le ofrece?

—Ayer en la carretera, su esposo me pidió que le trajera este dinero, porque se le descompuso el trailer...

—¡No puede ser! —lo interrumpió la señora tapándose la boca—. Mi marido murió hace cinco años.

Al muchacho le temblaron las piernas, le dejó el dinero a la señora, que se puso a llorar, y se fue para su casa todo asustado. Cuando llegó, apenas había cerrado la puerta cuando descubrió frente a él al trailero de la carretera y brincó espantado; sentía que una fuerza extraña lo invadía.

—¡Gracias, amigo! —le dijo el muerto con voz cavernosa, mientras desaparecía.

El joven podía escuchar los latidos de su corazón y tardó un buen rato en recuperarse de la impresión. tiempo después, al platicar con unos amigos, se enteró de que el trailero ya se les había aparecido a otros hombres, mismos que no habían cumplido el encargo del muerto, por eso se les fue secando el cuerpo hasta quedar como esqueletos.

La Planchada: México, D.F.

La leyenda de la planchada es probablemente una de las más populares de México. En ella narran la historia de una enfermera fantasmal que vaga por los pasillos del hospital y atiende a los enfermos que necesitan ayuda médica…

Cuentan que cierto día, una chica llamada Eulalia entró a formar parte del personal de enfermería en el hospital. Era una chica de buena presencia, con cabellos rubios, ojos claros y facciones finas, con una actitud amable y educada aunque revestida por un ligero aire de seriedad.

Desde sus primeros días en la institución médica, Eulalia demostró gran profesionalismo y diligencia, mostrándose siempre solicita con el personal médico y con los pobres enfermos, hacia los cuales profesaba una dedicación que a veces iba más allá del mero deber. Por otra parte, Eulalia siempre estaba muy limpia y arreglada, con el uniforme blanco perfectamente planchado e impoluto, exento de la más mínima mancha o arruga.

Como era de esperarse, Eulalia se granjeó rápidamente el aprecio de los médicos, a la par que, gracias a su natural simpatía, logró verse libre de inspirar envidia en sus compañeras y compañeros de enfermería.

Por otra parte, la vida de Eulalia era realmente tranquila, sana y sencilla, ya que todo su tiempo se dividía entre las labores en el hospital y las atenciones hacia su pequeña pero estable y relativamente feliz familia, conformada por sus padres y sus dos hermanos menores, al menos en lo que respecta a su círculo más cercano. Por ello, los días habituales de Eulalia consistían en trabajar en el hospital, llegar a casa con una sonrisa, comer con todos, dormir un rato, despertar y pasar sus horas siguientes en tareas domésticas que compartía con su madre, en jugar con sus hermanos o en la lectura.

Sin embargo, un día todo cambió…

En efecto, cierta mañana el director del hospital convocó al personal para presentar al nuevo médico que acababa de llegar: el Dr. Joaquín, un tipo inteligente, guapo y alto, venido “de buena familia”, pero con un cierto aire de arrogancia. Todas las demás enfermeras y casi todos los enfermeros fueron, pero Eulalia se quedó atendiendo a un paciente.




Pasados unos cuantos días, Eulalia todavía no había cruzado palabra alguna con el Dr. Joaquín, y apenas lo había visto de lejos, aunque a sus oídos ya habían llegado los rumores que lo retrataban como un tipo orgulloso, como uno de esos hombres que miran a casi todos “por encima del hombro”. Eso hacía que ella no tuviera muchos deseos de conocerlo, pero un día la convocaron para que lo ayudase con la extracción de una bala en la pierna de un paciente…

Pese a los rumores, cuentan que Eulalia quedó prendada del Dr. Joaquín cuando lo vio de cerca, al punto de que sus manos temblaban ligeramente cuando le pasaba los instrumentos, llegando incluso a equivocarse en lo que respecta a entregar el instrumento correcto…

Después de ese primer encuentro, Eulalia empezó a enamorarse apasionadamente del Dr. Joaquín, a pesar de que le decían que no le convenía, que el tipo era un egocéntrico y que coqueteaba con una y otra enfermera. No obstante ella siguió en su afán, diciéndose que sus compañeras estaban exagerando o simplemente justificando a Joaquín cuando no podía dudar de tales o cuales críticas que sobre él se cernían. De ese modo, pasados algunos meses ella consiguió su propósito y el Dr. Joaquín cedió a sus encantos, aceptando ser su novio.

Durante un largo tiempo Eulalia se sentía la criatura más dichosa del mundo, y su pasión crecía como un incendio a pesar de que Joaquín no parecía amarla con la misma intensidad e incluso, según las malas lenguas, coqueteaba con otras chicas a espaldas de ella.

Tras poco más de un año de noviazgo, Eulalia se sorprendió cuando cierto día Joaquín le propuso matrimonio, a lo cual ella accedió con el cándido entusiasmo de una quinceañera enamorada. Sin embargo era necesario esperar para la boda, ya que antes Joaquín debía irse a un seminario de 15 días en otra ciudad.

Antes de irse él le pidió que le planchara y preparara un fino traje, ya que debía estar impecable y elegante en el seminario. Entonces ella aceptó y, justo un día antes del viaje, él fue a recoger el traje y a visitarla, hablando tendidamente con ella y despidiéndose entre abrazos, besos y promesas de amor eterno…

Tan sólo una semana tras la partida de Joaquín, Eulalia ya lo extrañaba como si hubiese estado ausente varios meses, por lo que a veces adoptaba una actitud de melancólica nostalgia.

Paralelamente, justo después de una semana cumplida desde el último día en que vio a Joaquín, un enfermero la abordó cuando estaba sola, le declaró su amor y le pidió que por favor lo acompañara a una fiesta como su pareja de baile, pero ella se negó y le dijo que si acaso no recordaba que el Dr. Joaquín y ella tenían una relación… Asombrado y algo herido, el enfermero la miró y le dijo que no entendía cómo es que nadie le había contado que Joaquín renunció en el hospital y se fue a un viaje de luna de miel con su nueva esposa…

Las palabras del enfermero habían dejado completamente helada a Eulalia, con esa mezcla de dolor y consternación que alguien siente cuando inesperadamente le informan que su madre o alguien muy querido ha muerto, aunque con la enorme y gran diferencia de que en la mirada de Eulalia latía la decepción. Por eso ella no acertó a decir nada, y solo agachó la cabeza y se fue, caminando con la leve esperanza de que aquello fuese un invento del enfermero para salir con ella. Pero a la mañana siguiente fue y averiguó en los registros, y efectivamente Joaquín había renunciado, por lo cual era lógico asumir que lo de la luna de miel era también cierto, tal y como decían muchas más personas además del enfermero…

Desde su decepción amorosa, Eulalia jamás volvió a ser la misma. Nunca había tenido un novio antes, y solo le había gustado uno que otro chico durante su adolescencia, siendo con Joaquín con quien supo lo que realmente era el amor. Sentía que su corazón era un jarrón despedazado sobre el árido suelo de la vida, y al parecer ni ella misma quiso recoger los pedazos y recomponerlo, ya que permitió que la amargura fuera apoderándose progresivamente de ella, hasta convertirla en un ser frío, silencioso y sombrío, en una mujer que no volvió a vincularse a ningún hombre porque se abandonó a la idea de que todos “eran iguales”, y en una enfermera que realizaba su trabajo con el alma empolvada por el tedio y el desgano, descuidando a los enfermos hasta el punto de que algunos murieron por sus negligencias al olvidarse darles la medicación, a pesar de ello no fue despedida porque, sus compañeros y superiores la apreciaban y pensaban que tarde o temprano volvería a ser la chica trabajadora y dedicada a los pacientes que siempre había sido.

Pasaron así los años y un día la enfermedad cayó sobre ella, transformándola en una paciente más del hospital donde por décadas fue indiferente hacia el malestar de los enfermos que tan mal atendía. Ella era la abandonada ahora. Sin embargo, en lo profundo de su soledad, la reflexión le ablandó el corazón y, antes de morir, se arrepintió de haber sido tan mal enfermera, falleciendo sin poder perdonarse a sí misma, y con el anhelo de enmendar de alguna forma sus errores pasados…

Tras la muerte de Eulalia, en el hospital comenzaron a surgir testimonios de gente que era atendida por una amable enfermera que no parecía pertenecer al personal del hospital. Una chica joven con la ropa impecable, perfectamente planchada, tal y como la llevaba Eulalia en vida. Normalmente los testimonios eran confusos porque solía atender a los enfermos cuando dormían, se encontraban sedados o estaban muy graves.

En cierta ocasión, una de las enfermeras que trabajaban de noche se quedó dormida en su turno. Su negligencia le podría haber costado la vida a un paciente que necesitaba una importante medicación para tratar una fuerte infección que hacía peligrar su vida. El hombre, semiinconsciente, observó como una enfermera, a la cual no pudo reconocer porque tenía el rostro ligeramente borroso y como desdibujado, le suministró el antibiótico necesario y, mientras lo arropaba, le dedicó una caricia en el pelo.

Un par de horas después, la enfermera que se había dormido en su turno se despertó sobresaltada y, acordándose de lo importante que era suministrarle la medicación al señor, salió corriendo hacia su habitación, temiéndose lo peor. Al llegar allí se encontró que, el goteo que mezclaba el antibiótico con el suero, estaba perfectamente colocado y la dosis era la correcta. Aún asustada, le preguntó al paciente quién le había puesto la medicación. La respuesta la dejó helada: “Su compañera rubia, la que tiene la bata sin una sola arruga”.

Ésta fue una de las cientos de veces que “La Planchada” atendió a alguien que necesitaba la ayuda médica o que había sido descuidado por las otras enfermeras. Pocos son los que la recuerdan, ya que siempre atiende a personas graves o cuando están medio dormidas; ninguno puede recordar su rostro con claridad, ya que, casi siempre que se ha dejado ver, lo ha hecho con su cara ladeada o de espaldas. Pero todos los testimonios concuerdan en lo mismo, en lo impoluto de su aspecto y en la perfecta forma en la que están planchadas sus ropas, así como en lo cordial y profesional de su trato.

Algunos, de entre el personal del hospital, también dicen haberla visto durante escasas fracciones de segundo entrar o salir de la habitación de un paciente e incluso haber sido despertados por el espíritu de Eulalia cuando dormían en sus turnos, tocándoles el hombro, y comprobando al despertar que estaban solos y que los pasillos del hospital estaban desiertos. Aunque nunca la vieron como una amenaza, ya que ayudaba a los enfermos cuando estos eran descuidados, cosa que se sabía gracias a los múltiples testimonios de pacientes que afirmaban haber recibido tal o cual medicación en ausencia de personal médico.

NOTA: Según varias fuentes esta leyenda es originaria de México, específicamente del hospital de Juárez, pero se cuenta que la planchada ha aparecido en otros hospitales e incluso hay historias similares en otros países. Esta podría denominarse la versión “moderna” de la leyenda que se hizo enormemente popular en el siglo XX en México.

Pero existe una versión anterior surgida a raíz de la Guerra de Intervención Estadounidense que enfrentó a Estados Unidos y México, durante dicha guerra perecieron cerca de 25.000 soldados mexicanos, y en los hospitales de campaña las condiciones de trabajo del personal sanitario eran tan duras que era frecuente que las enfermeras se quedaran dormidas en sus interminables turnos. Al despertar, muchas de ellas, acudían rápidamente a seguir atendiendo pacientes y se encontraban que ya habían sido limpiadas sus heridas o suministrada la medicación que precisaban.

Al preguntarles quien les había atendido siempre daban la descripción de una mujer rubia con cabello corto y rostro serio, que no correspondía con el aspecto de ninguna de las enfermeras que trabajan en el hospital. Los pocos que trataron de seguirla se llevaron la sorpresa de que parecía esfumarse al doblar una esquina.

Leyenda de las Gemelas

Una feliz familia vivía en un rumbo muy cercano a una transitada carretera, debido a esto la joven madre las acompañaba diariamente al colegio y caminaban las tres tomadas de la mano, teniendo especial cuidado al toparse con la mencionada carretera, las pequeñas hasta el momento no tenían permiso de cruzar solas.

Uno de tantos días la madre recibió en su celular una llamada urgente del trabajo la cual tuvo que atender, le exigían su presencia de inmediato, por lo cual se vio en la necesidad de dejar que las gemelas continuaran el camino solas. Con mucho pesar despidió a las niñas, dando indicaciones para no se soltarse de la mano y tener mucho cuidado al cruzar. Las dos pequeñas siguieron las instrucciones de su madre, miraron a ambos lados de la carretera, y al ver que estaba libre cruzaron.

Apenas se giraba la madre para cambiar de rumbo, cuando se escuchó un golpe muy fuerte a sus espaldas, volteó de inmediato para ver con terror que sus hijas estaban debajo de un camión, fueron atropelladas perdiendo la vida en al instante.




El pesar duró mucho tiempo, pero transcurridos cuatros años, la madre dio a luz de nuevo gemelas, estas era muy parecidas a sus fallecidas hermanas, lo cual le hacía tener presente aquel fatal accidente. Esta vez tenía una terrible obsesión por su cuidado y no les permitía estar cerca de ningún peligro, en especial aquella temida carretera.

Pero no podía estar detrás de ellas las 24 horas, y un día, se vieron muy cercanas al peligroso lugar, decididas a cruzar vieron hacia los dos lados, no había ningún auto, con un paso en el asfalto, fueron tomadas del hombro bruscamente por su madre, quien lloraba desconsoladamente

Diciendo -No crucen- a lo cual recibió una respuesta inesperada de las dos pequeñas: -No pensábamos cruzar, ya nos atropellaron una vez, no volverá a suceder-.

Se llevan a los niños.

Las tepas son mujeres horripilantes que viven en el monte y se dedican a hechizar niños, según el antropólogo Roberto Williams García, de acuerdo con el portal del gobierno de Poza Rica, Veracruz.

En otra versión se explica que las tepas son ninfas vestidas de blanco que cuidan los montes o viven en los ríos, como espíritus del agua que se llevan a los niños.

Cuenta la leyenda jarocha que había unas jóvenes que buscaban leña en el monte y se perdieron, al no encontrar el camino de regreso a casa, se quedaron a vivir en el monte y se convirtieron en estos espíritus protectores.

Se dice que cuando "alguien se interna en el bosque o para cazar primero tiene que pedirles permiso pues de no ser así el bosque se les cierra los caminos se borran solo abandonando lo que hayan sustraído podrán encontrar la salida".

La niña que se salvó

Se cuenta que en la década de 1930, a orillas del Arroyo el Mollejón, en Poza de Cuero, la señora Abundia Becerra salvó de la tepas a su pequeña hija Galdina.

Una tarde, cuando la niña jugaba en la orilla del río, aparecieron unas mujeres de estatura pequeña que vestían de blanco y le decían, "ven, Galdina, ven".




La niña, como hipnotizada, caminaba en dirección de los espíritus que la llamaban.

La madre vio a la pequeña que estaba a punto de entrar al agua y desesperada, la mujer grito para detenerla, pero la pequeña no volvía la cabeza pues seguía mirando a las mujeres que le gritaban desde la otra orilla.

Abundía alcanzó a su hija, quien le dijo "Mamá, esas señoras quieren que vaya con ellas, me están llamando". Aunque la mamá no vio a nadie, supo que se trataba de los espíritus que viven en los arroyos.

La Casa Embrujada De Orizaba (la regalan a quien logre pasar una noche entera adentro).

En lo que ahora es Sur 2 esquina con Poniente 5, frente donde se encontraba la tienda Contino, en la ciudad de Orizaba, Veracruz, México; se encuentra una casa antigua, de la que solo pueden verse unas ruinas desde el exterior. Un portón apenas oculta una entrada hacia lo desconocido. Tal vez de los casos más extraños y difíciles de comprobar o explicar debido a la falta de divulgación o al olvido que se le ha dado.

No se sabe precisamente en que tiempo sucedió el primer fenómeno sobrenatural de esta casa, pero la leyenda nos cuenta, que en la calle (actualmente frente donde estaba Contino) se encontraban jugando unos niños, lo que empezó como un juego, termino en un alboroto y escándalo, cuando uno de los niños lanzó una piedra hacia el interior de la casa, a lo que momento después, la misma regresó, cual si fuera de vuelta con misma fuerza hacia el exterior, en la calle, a lo que en ese momento, pasaba un automóvil por ahí, la piedra se incrustó en el auto, causando tremendo disgusto por el conductor, el cual dio el frenón y bajo rápidamente para buscar culpable.

Entre el alboroto algunos testigos junto con los niños, habían dicho que efectivamente, la piedra había sido aventada hacia la casa, pero que había regresado misteriosamente; a lo que el dueño del automóvil, no dudo en ir a reclamar a la ya citada.

Dando golpes fuertes al portón sin recibir respuesta alguna, no tardaron en decirle que en esa casa no vivía nadie y que no se le conocía dueño; indignado por tal ridículo en plena vía pública, no tuvo más remedio que retirarse del lugar.

Hubo un tiempo en que el camión de la basura tardó en pasar por esas calles, y los vecinos, de esa casa entonces, tenían, entre otras cosas, desechos como láminas de cartón viejas, cajas; basura no tan escandalosa y propia como para ser tirada por ahí sin que nadie se diera cuenta, a lo que no dudaron en pensar, en arrojarla al patio de la casa, desde su propia azotea, ya muy noche a manera de que ninguna persona de por ahí se diera cuenta de lo planeado, arrojaron la basura; pero cual fue la sorpresa de los vecinos, que al amanecer, les reclamaron que había basura afuera y que daba mal aspecto a la calle; y efectivamente, la basura se encontraba afuera de la casa, como si ellos la hubieran sacado, extrañadísimos por lo ocurrido, no tardaron en confesar, que habían arrojado la citada al patio de la casa por la azotea, pero que no creían lo que estaban viendo, el aire no pudo haber levantado las láminas o cajas, pues no se habían escuchado ruidos en la noche, además para sacarla tendrían que haber abierto el portón y hubiera sonado rápidamente.

Los hechos extraños empezaban a darse y no tardó la gente en preguntarse, que habrá haya adentro, o como será, a lo que todas las anécdotas o historias contadas por los aventureros, entre los que eran (chavos banda, paracaidistas o simples curiosos) que lograron adentrarse a la casa, se resumía en lo siguiente:

“Quien sabe cómo le hicimos, el chiste es que pudimos meternos a la casa”… ó

“Yo solito me trepé por la pared y caí adentro”…

Una vez en el interior de la casa, comenzaban a sentir extraños mareos, síntomas de mala presión, ganas de desmayarse, algunos se les nublaba la vista, otros veían todo a su alrededor retorcerse y de repente, la sorpresa de su vida, cuando por arte de magia, aparecían afuera de la casa, como si no hubieran entrado nunca.

Ahora bien, muchos han optado por no hablar del tema, a lo que se ha ido quedando en el olvido, aunque por ahí se dice, que quien llegue a pasar una noche en esa casa, sin amanecer a fuera de ella, entonces se quedará con ella. Para muchos ahí termina el relato de “La casa misteriosa”, o “La casa donde te sacan”, mejor conocida; pero he aquí, tal vez una de las 
tantas respuestas a lo largo de este extraño misterio.




La Leyenda

Con la llegada del ferrocarril a la ciudad de Orizaba, el paso del puerto de Veracruz hacia la ciudad de México, se vio utilizado por una infinidad de gente, un adinerado extranjero, probablemente español, que antes había visitado la ciudad, se había enamorado de la zona y del clima de la región, por lo que de regalo de bodas para uno de sus hijos, planeaba la construcción de una casa, donde viviría y daría frutos de una nueva manera, en la ahora tierra de agua alegre; la construcción se daría entre los años de 1870 y 1880; terminada la importante obra, el hijo extranjero llegó con esposa e hijo en camino, la casa ya preparada con sirvientes y un mayordomo de edad, fueron las primeras personas que junto con el matrimonio, iniciaron la vida dentro del hogar de regalo. Y al transcurrir los años, conmemoraban un año más de estancia en la ciudad, de vida y de hogar; la servidumbre, que con el paso de los años se haría casi parte de la familia, iba siendo cambiada debido a la edad o a motivos por los que no ya no podían seguir trabajando.

Eran una familia que tenía mucha confianza en la gente aledaña y daban pues oportunidad a gente que demostrara ser trabajadora formar parte de diversos trabajos, sin embargo permanecía en pie la figura del mayordomo, firme, obediente y claro, el principal de la servidumbre, querido por parte de la familia ya que era parte del inicio del nuevo hogar en nuevas tierras. Un amigo querido del hijo extranjero había venido de viaje a Orizaba, para probar suerte en el país, por lo que se había hospedado en la casa un cierto tiempo, su amistad incrementaría y la suerte daría fruto, como si destino fuese, el que llegase a esa casa tendría la fortuna asegurada, agradecido por la hospitalidad, un buen día partió para el interior del país para seguir con lo suyo, pero él tenía en su corazón, la valiosa vida y aprecio de la buena familia y de la casa.

Al pasar el tiempo falleció el padre del hijo extranjero, heredando éste su gran fortuna, lo que le dio más importancia y no tardó en resaltar entre la cuadra, por ser de los riquillos extranjeros.

Pasaron pues, alrededor de 25 años, ya el hijo extranjero, ahora era abuelo y cabeza importante de la familia, sus hijos casados, estaban repartidos en otras partes de México, pero la más chica de la familia permanecía soltera, y de la misma manera como el tiempo dejaba su huella en la ciudad, en los muros y en la familia, el mayordomo ya estaba grande, podría decirse que era como otro abuelo en esa casa; paso un mes en cama enfermo, bastante agradecido por el trato de el señor de la casa y la familia claro, pues aunque había servido a ellos, ellos ahora estaban a su lado ya en sus últimos momentos.

La leyenda cuenta, que un estafador, de buena pinta, ya merodeaba el asunto, y aprovechó la situación que estaba sucediendo, para hacerse pasar por un mayordomo con experiencia, debió haber sido un hombre no tan grande de edad, pero que ya se le verían algunas canas y también un pillo criminal que solo veía la manera de adentrarse en lugares de fortuna para saquearlos. El mayordomo falleció en la casa y al poco tiempo se presentó este hombre, que de alguna manera logró convencer al señor para tomar papel importante, es decir el hueco del antiguo mayordomo; estuvo estudiando al pasar de unos cuantos años, las actividades de la familia, sus conocidos, sus momentos importantes, se fue ganando la confianza poco a poco, pero por las noches, solo pensaba en la fortuna resguardada en alguna parte de la casa, en la manera de salir huyendo con todo sin ser descubierto, pero pasaba mas el tiempo.

Por fin la noticia esperada, la última hija del señor, se iba a comprometer, era una ocasión de fiesta, y que mejor fecha para hacerlo que en el aniversario 30 de la casa, fiesta que los que vivían en la misma, tenían en sus corazones por alrededor de los 30 años de su estancia, donde cada aniversario se reunían a comer, bailar y charlar sobre ese primer día de su llegada, se recordaba el aniversario 10 cuando había griterío de niños en la casa, o el aniversario 18 cuando se comprometió el primogénito de la familia; pues ahora era el aniversario 30 y el compromiso del último hijo, sería una cosa en grande, vendrían los demás hijos ya casados, familiares, amigos nuevos y antiguos, vecinos, y demás conocidos, hasta la misma servidumbre de años atrás vendría, aquellos que hubieran pisado la casa estaban de ley invitados a la celebración 30 de la llegada a un nuevo país.

El festejo iba a estar de lujo, al ahora nuevo mayordomo, ya le habían tocado 5 años de conmemoración, pero ahora se le encomendaba llevar la rienda de toda la servidumbre, ver que los preparativos estuvieran listos, las invitaciones, el banquete, y todo a la perfección, pues claro estaba, que sería mucho mayor que en los años posteriores; fue entonces cuando tan emocionado el señor le dijo al mayordomo que adoraba esa fecha en especial, que era como un día de suerte que les había tocado, el mejor regalo que su padre pudo haberle dado, y que iba mantener y hacer florecer mientras viviese; le contó al mayordomo como su fortuna incrementaba en vez de bajar casi año con año, a lo que el mayordomo solo le prestaba atención como queriendo sacar en donde se encontraba resguardada, y haciendo uso de sus tretas e inspirando ya confianza le saco la verdad, la fortuna estaba oculta en una parte de la casa tras unos libreros, lo más seguro es que haya estado en antiguos baúles, le dijo que le ayudará a ver de cuanto dispondrían para la fiesta, y al mostrar el inmenso dinero al mayordomo, este se quedó perplejo al ver la fortuna, desde ese día, se dice que no dormía tratando solo de planear como sacar toda esa cantidad, como la iba a gastar y adonde iría, seguramente se perdería en algún otro país con tanta riqueza.

Faltaba ya como un mes para la fiesta de los 30 años y el mayordomo no ideaba aún la fechoría; la leyenda dice que sentada en la mesa, la familia, ya listos para comer, la hija menor aún no lo hacía, a lo que el señor de la casa dijo:

- Aquí no come nadie, sino comen todos.

Y efectivamente llegó la hija menor y al sentarse iniciaron la comida, en ese momento al mayordomo se le vino la idea para lograr distraer a todos y así poder salir sin prisa ni escándalo y robar lo planeado.

Una mañana, el mayordomo se levantó temprano y fue a esos lugares ocultos donde venden polvos para limpiar, insecticida, aromatizante, o veneno, a lo que pidió un polvo raro, que según él, para deshacerse de unas alimañas, ahí le explicaron que una vez ingerido el veneno, el animal se cansaba y le provocaba sueño, a lo que tiempo después fallecía dormido.

Llegó el día de la fiesta y comenzaron a llegar las amistades de todas partes, vecinos de la cuadra, demás familiares, mientras que en la cocina se preparaba todo para la comida, unas versiones de la leyenda, dicen que el mayordomo echo el polvo en una crema o sopa de sabor raro, otra que echo pequeñas porciones del polvo en los saleros y que se sirvió un platillo que necesitaba de bastante sal para saborearse, otra que fue en las bebidas, o los postres, tal vez, el malvado, hizo todo lo mencionado, pero de alguna manera coloco el somnoliento veneno en la comida; y llegó pues la campana anunciando la hora de sentarse en la mesa, junto con el brindis, para esa hora ya todos los invitados deberían haber llegado, pues el compromiso se llevaría minutos antes de la comida, y a si fue; con aplausos y alegría se sentaron todos a comer, en una mesa adaptada y bastante grande, estaban todos los que habían vivido y pisado la casa, amigos hasta del interior y exterior del país habían venido para la celebración; el mayordomo se encontraba sumamente nervioso por el crimen que iba a cometer, pues había mucha gente reunida, niños, gente mayor, jóvenes, todos llenos de alegría, él sabía que iban a probar su última comida, pero ya no había marcha atrás, el solo hecho de pensar en toda la fortuna lo hacía regresar a ese plan despiadado.

Ya todos estaban sentados en la mesa, el señor de la casa dio un discurso antes de probar alimento, mirando a cada uno al rostro, agradeciendo por su asistencia a la importante fiesta, deseando lo mejor a cada uno, y claro está, larga vida, a lo que muchos no evitaban el derramar una que otra pequeña lagrima, por lo emotivo que representaba; cuenta la leyenda, que cuando el señor se dirigió al mayordomo para agradecerle por ocupar el lugar de su buen amigo que había fallecido en la casa, el cobarde todavía lloró, ¿sería de tristeza por el tremendo asesinato que iba a cometer? ¿ó de alegría por la fortuna de la que se iba a ser?, en fin, el mayordomo tuvo extremo cuidado de no ingerir el alimento marcado, del cual todos probaron, y que debió haber sido un platillo fuerte para no ser rechazado por nadie.

Terminaron de comer y se levantó la mesa, tal vez muchos fueron a la sala a charlar, algunos a bailar, los niños a jugar a las recamaras, nadie podía marcharse pues faltaba el pastel, que por lo general se sirve entre hora y hora media terminada la comida, el mayordomo ya solo contaba los minutos para que diera efecto; los niños comenzarían a dormir uno por uno, seguido de los mayores, de seguro fueron cayendo de sueño una persona seguida de otra, extraño ha de haber sido para los últimos que quedaban despiertos, mirando sorprendidos como caían de sueño los invitados, se dice que cuando empezaban a sentir el sueño, primero veían que todo les daba vueltas y se mareaban repentinamente, sin embargo no tardaría en llegar su propio turno.

Una vez que los invitados estaban durmiendo, el mayordomo se apresuró para cargar las bolsas de dinero en una carroza y así escapar, sin embargo, historias dicen, que cuando cargaba ya las ultimas bolsas o cofres, una voz se le metió en la cabeza, que le dijo:

– ¿Crees que te vas a salir con la tuya? – ¿Crees que no te van a encontrar? – Tan pronto llegue la ley, encontrarán los cuerpos y al no encontrar el tuyo sabrán que tu fuiste…

El mayordomo entonces se vio en una desesperación, esa voz tenía razón, tenía que hallar la manera de deshacerse de los cuerpos, la leyenda dice, que entonces se le vino la idea de echarlos en la fosa séptica, destaparía el hueco destinado a los desechos bajo la casa y ahí depositaría los cadáveres, primero juntaría a todos los cuerpos y los arrojaría uno por uno, sin embargo la voz lo torturaría de nuevo:

-Parece que encontraste la solución, pero, ¿qué te hace pensar que van a caber todos ahí?, se te va llenar rápido ¿no crees?

Esa voz volvía a entorpecer los planes del mayordomo, pues tenía razón de nuevo, los cuerpos ocuparían demasiado espacio, a lo que se le ocurrió la macabra idea de cortar los cuerpos; lo más seguro es que haya utilizado un hacha o serrucho para descuartizar a toda la gente, y así en pedazos poder arrojarlos al interior de la fosa.

Ya era muy noche y a unas cuadras antes de la casa se veía un jinete, era el amigo de la familia, que hacía tiempo le habían brindado tal hospitalidad en la casa, quien sabe cuál habrá sido la demora, quizás le ocurrió un pequeño accidente, un camino equivocado, tal vez él mismo decidió llegar tarde o el destino o la misma casa, sabía lo que iba a ocurrir y cual si fuera una manera de pedir ayuda, este amigo de la familia sería el único que no llegaría a tiempo a la comida, no la probaría y claro está no moriría, sino que sería el testigo y salvación decente para que el mayordomo no acabara con los demás cuerpos que faltaban.

La leyenda dice, que este amigo de la familia decidió dejar el caballo unas cuadras antes para ir a pie, recordar aquellas calles, y claro está, dar la sorpresa a el señor y a la familia por su llegada inesperada; al llegar encontraría el silencio del hogar marcado, tal vez las luces apagadas, no solo de esa casa, sino también de la demás cuadra, durmiendo de seguro, pero no, pues habían asistido a la comida y se encontraban ahí, sigilosamente con el juego de llaves que poseía cuando antes vivía, logró entrar, dando pequeños y silenciosos pasos, pero, al entrar pudo notar el tremendo olor a muerte que desprendía el lugar, parecía no creer lo que estaba viendo, se dirigió hacia donde escuchaba fuertes golpes, que era donde el mayordomo daba tremendo castigo a los cuerpos de cada invitado; entonces la voz regreso a la cabeza del mayordomo:

-¿Lo ves?, te dije que te iban a encontrar, ahora no puedes esconderte.

Entonces el mayordomo dio un grito de desesperación de ¡Nooo!, ¡cállate!, ¡Nadie lo sabe!, y el amigo veía como se daba golpes en la cabeza, ante tal escena de ver partes y sangre, le dieron ganas de vomitar, pero no podía ni moverse por el inmenso terror que sentía, y a si dando un mal paso choco con una botella que al caer dio tremendo cristalazo en el suelo…lo que llamó la atención del mayordomo, el pobre tipo se escondió tras un sillón, temblando y casi a punto de orinarse, ahí, se acercó el mayordomo con sigilosos movimientos, tratando de no darse a notar, buscando el motivo extraño por el que aquel estruendo había sucedido, y el tipo se encontraba en una completa desesperación mental, entre si me defiendo, me quedo quieto, ¿Qué hago?, y el mayordomo de seguro con puñal en mano deseando que lo que la voz le había dicho, no fuera cierto; fueron minutos de miedo silencioso, entonces el mayordomo prosiguió a continuar con su fechoría y terminar de una vez, entonces el tipo, al ver que el mayordomo se retiró, cegado de miedo salió de su escondite casi a punto de llorar, pero lo más seguro es que hasta se haya mordido los dedos para no gritar de terror y dar nuevos anuncios; la historia cuenta que antes de salir, él tipo escucho una voz que le dijo:

-¿Por qué te vas?, ¿Ayúdame?

Pero el tipo lleno de miedo, salió de ahí, caminó la calle y llego hasta su caballo para escapar lo más rápido.

Entrada la madrugada, el mayordomo ya había terminado de arrojar los cuerpos a la fosa y lavado el cuarto de sangre y de seguro la fortuna debió estar lista para partir en una carreta, sin embargo ya tapando el hueco de la fosa, se dice que la voz entró una última vez para ya no salir de la cabeza del mayordomo, quien sabe cuántas cosas taladraban los pensamientos del mayordomo que no lo dejaban descansar, tal vez eran las voces de la gente que lo atormentaban, tal vez la voz de la casa o del antiguo mayordomo que había fallecido ahí, o el mismo mal que una vez se le había metido en la cabeza, sin embargo no aguantaba tal conflicto, versiones dicen que tomó el puñal y se lo clavo en la cabeza, otras que resbaló y cayó al hoyo y ahí herido entre la sangre y los cuerpos mutilados, vio el mismo rostro de terror en persona que le hablaba en su cabeza.

Al otro día, las cuadras vecinas permanecían quietas, cuando llegó la autoridad máxima y se presenció lo ocurrido, se dice que la casa clamó ayuda de justicia por segunda vez, pero las autoridades al ver toda la fortuna ya lista para salir, decidieron ocultar toda evidencia, rellenaron y taparon el hueco de la fosa, confiscaron los muebles, y claro las demás casas vecinas, todos esos bienes pasaron a dividirse entre los testigos, quienes para lavarse todavía más las manos, vendieron las casas vecinas a otra gente tercera, otros las derribaron para construir nuevamente y a si vender, pero la casa permaneció ahí sin moverle, tal vez por respeto o por miedo a no tocar lo que ahí había sucedido.

Se dice que la casa pasó a manos de un importante adinerado de Orizaba, quien al tratar de venderla, tuvo que primero ir a mostrarla en su interior, sin embargo al hacerlo, la casa como si pareciera saber el interior de las personas, hizo que sintiera mareos para después hacerlos aparecer afuera, la casa ya no confiaría más en nadie, por lo que personas que entrarán serían rechazadas inmediatamente. Sin embargo cuentan que si alguien llega a ser aceptado por las almas o por la casa, quien logre pasar la noche sin amanecer o aparecer afuera, entonces, la casa será suya.

Pero, y ¿qué paso con el amigo de la familia, el tipo que fue testigo de todo?, un rumor dice que se fue al interior del país, donde quedó mudo del susto, sin embargo al pasar el tiempo le regresó el habla y a si contó todo su drama, tal vez lo creyeron loco, tal vez la historia se deformó al pasar de voz en voz, pero ahora lector tú la sabes, y solo resta decir, que el juicio está en ti y tu sabrás que decir.

La Leyenda De La Mulata De Córdoba

La Leyenda De La Mulata De Córdoba

En el siglo XIX se recuerda el caso de una niña nacida en el monte de la ciudad de Córdoba, donde vivía un matrimonio dedicado a la cría de ganado porcino y aves de corral, así como a la siembra de arboles frutales, forma como se ganaban la vida; esa casa era muy concurrida por la gente que hacia sus compras con el matrimonio, siendo otro atractivo para visitarlos el nacimiento de la bella niña.

La niña fue creciendo en medio del campo, teniendo amistad con los animales, especialmente con los coyotes, cosa que atemorizaba a sus padres. Una tarde, cuando la niña tenia 14 años su madre se enferma gravemente y su papá la manda a buscar a la curandera, orden que ignora poniéndose la niña a hervir agua y junto con un manojo de hierbas comienza a pasárselas por el cuerpo a su madre, teniendo como resultado que al cabo de un rato la señora recupera su salud de forma milagrosa; este hecho, conmovió tanto a la población que en cuanto se supo lo de la curación a su madre, comenzaron a visitarla gente de todas partes con enfermos para que los curara, cosa que hacia con gusto.

Un día cuando la hermosa mulata tenía 23 años llegaron unas personas hasta el patio de su casa con la intención de matarla, ya que la acusaban de ser una bruja, habiéndose salvado solo por la intervención de sus viejos amigos los coyotes, que se le fueron encima a la gente y los ahuyentaron del lugar.

Los rumores en toda la población aumentaron fuertemente hasta llegar el momento en que la autoridad tuvo que intervenir y la mulata fue detenida, acusada de practicar la brujería, se dice que a pesar de estar recluida en una celda de la cárcel del ayuntamiento, su casa siempre estaba concurrida de gente que ella acudía a curar a través de poderes de desdoblamiento que ella poseía, poderes que le hacían estar en dos lugares al mismo tiempo.




Tiempo después fue trasladada a una mazmorra del castillo de San Juan de Ulúa, donde con su belleza causaba admiración y cierto temor entre los guardias del castillo, ya que comentaban que había ocasiones en que parecía no haber nadie en la celda de la mulata, y que solo se alcanzaba a apreciar una espesa niebla que no permitía ver hacia el interior, y que solo dejaba observar un barco dibujado en la pared por la joven; esta situación, y tantas otras que se contaban de la joven mulata entre la gente del pueblo, orilló a las autoridades a dar la orden de asesinarla en los quemadores públicos que existían en ese entonces por toda la ciudad.

Una mañana antes de su ejecución, al despuntar el alba, la mulata le preguntó a un guardia si le parecía bueno el dibujo del barco, a lo que contesto el guardia que lo único que le hacia falta al barco era navegar, respondiendo la mulata,que ese no era problema; horas más tarde, cuando estaban los guardias haciendo ronda, vieron a la mulata caminando tranquilamente por los pasillos rumbo a su celda, a lo que corrieron los guardias para atraparla y encerrarla de nuevo, solo para llegar a la celda de la mulata y ver un enorme hueco por donde se veía el barco que había dibujado la joven en la pared navegando y perdiéndose poco a poco en el horizonte llevando a la mulata por única tripulación.

Nunca más se supo de la mulata de Córdoba, por más que la buscaron en el castillo nunca la encontraron.


La llorona

La Llorona

Las versiones que dan origen a esta leyenda son muy diversas, antes que llegaran los españoles se decía que la “Llorona” era la diosa Cihuacóatl, misma que se aparecía por las noches vestida de color blanco en forma elegante, amarrándose el cabello de forma que parecía que tenía cuernos en la frente, se contaba que la diosa se aparecía gritando y bramando.

Aunque otras versiones de la época aseguraban que se trataba de “La Malinche”, la cual regresaba a penar en arrepentimiento por haber traicionado a su gente.

Al llevarse a cabo la conquista, surgieron nuevas versiones de la leyenda, algunas decían que se trataba de una joven mujer enamorada que por desgracia había fallecido un día antes de casarse, misma que andaba penando ya que quería entregarle la corona de rosas que nunca usó en su boda a su novio.

Otras historias contaban que se trataba de una mujer viuda que le lloraba a sus hijos huérfanos, o una mujer que fue asesinada por su marido celoso y que regresaba del más allá lamentando su triste fin.


Aunque la historia más arraigada en la memoria popular es la de una joven indígena que se enamoró de un caballero español con el que tuvo tres hijos a los cuales la mujer quería mucho, la mujer le pidió al caballero que se casaran pero este le puso muchos pretextos para no hacerlo.



Algún tiempo después, el hombre se separó de la joven indígena para casarse con una dama española de sociedad, por lo cual la mujer desesperada y dolida asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río, suicidándose poco tiempo después al no soportar sus culpas. Es desde ese día que se puede escuchar el lamento desgarrador de dolor de la mujer en el río donde ahogó a sus hijos.

Se dice que a la mitad del siglo XVI, en la ciudad de México, al sonar el toque de queda de las campanas de la primera catedral, las personas se tenían que meter a sus casas, pero al llegar la medianoche se despertaban de forma brusca y alarmante al escuchar afuera unos lamentos de ultratumba salidos de la boca de una mujer que caminaba solitaria por la calle.

Aunque las primeras veces que esto sucedió las personas solo se espantaban pensando que era un ánima venida de otro mundo, no se atrevían a salir, pero al hacerse más cotidiano, la gente empezó a tener curiosidad y algunos salieron logrando ver a quien lanzaba aquellos tristes y lánguidos lamentos.

Pudieron ver que era una mujer que vestía de blanco, cubriéndose el rostro con un velo, caminaba con pasos lentos mirando hacia el oriente, recorriendo las calles de la ciudad, no faltaba a ninguna plaza, se hincaba y lanzaba un último lamento, se ponía de pie y continuaba su camino con paso lento hasta llegar a un lago, donde de repente se desaparecía.


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